Dificultades de aprendizaje: signos de alarma y cómo podemos reaccionar a ellos.


Tras el comienzo del curso y la readaptación a las rutinas escolares, algunos niños y algunas niñas encuentran problemas para responder a las demandas escolares. En algunos casos, se trata de problemas pasajeros que pueden ir de la mano de hábitos de estudio no adecuados y superarse con algún apoyo pedagógico o familiar, continuando con el proceso de enseñanza de manera satisfactoria.





En otras ocasiones, aparecen problemas para aprender que no desaparecen fácilmente y suponen un obstáculo en el ritmo de adquisición de contenidos del aprendizaje, pudiendo además repercutir en el desarrollo del autoconcepto y la seguridad en sí mismo del niño o de la niña.



Cuando las dificultades persisten en el tiempo, o cuando se detectan de forma inicial y repercuten de forma muy marcada en el día a día, es posible que nos encontremos con las primeras señales de alarma de un trastorno del aprendizaje.


Las personas que presentan dificultades de aprendizaje muestran problemas persistentes para la adquisición y ejecución de los contenidos escolares, que frena o enlentece el desarrollo de habilidades instrumentales importantes en el aprendizaje como la lectura o la escritura y limita el rendimiento.


Algunas de las manifestaciones que son signos de alarma son las siguientes:


* Dificultades para mantener la atención en las tareas, dependiendo con frecuencia del adulto para finalizarlas o para iniciarlas. El niño o la niña se muestra disperso o dispersa, distraído o distraída, cuando se le habla. Presenta tendencia a evitar tareas que requieren esfuerzo, ocupando gran parte del tiempo en tareas que podrían realizarse de forma más rápida y reduciendo el tiempo libre para el juego.


* Requiere que le repitan las instrucciones o las explicaciones en sus tareas escolares. Parece atender a lo que se le indica, pero le cuesta razonar o elaborar una respuesta. Nos da la impresión de que “olvida” las cosas aprendidas con rapidez.


* Lectura de palabras imprecisa o lenta y con esfuerzo. Dificultad para comprender el significado de lo que lee. Dificultades con la expresión escrita, problemas para aplicar las reglas ortográficas que va adquiriendo.


* Dificultades para manejar cantidades y operaciones aritméticas. Problemas para aplicar los conceptos matemáticos o resolver enunciados cuantitativos.




Estas dificultades afectan con frecuencia de forma significativa en el rendimiento académico. En función del grado y del tipo de dificultad, aunque se inician en la etapa escolar, pueden no manifestarse hasta que las demandas escolares son elevadas.



¿Qué podemos hacer para mejorar el aprendizaje del niño o la niña que presenta dificultades de aprendizaje?


Se puede intervenir desde diferentes perspectivas y formas de actuación, el priorizar una u otra o combinar las más relevantes, dependerá de los datos que aporte la evaluación neurocognitiva y psicológica inicial del caso, cuyas conclusiones permiten optimizar el tratamiento definiendo los objetivos específicos que subyacen a las dificultades y permitiendo focalizar las actividades terapéuticas de forma específica en los que el niño necesite.



1. Estimulación neurocognitiva: Entrenamiento de funciones cognitivas en las que se ha observado que el niño muestra un punto débil, estando retrasadas en su desarrollo. Aportación de estrategias para una buena ejecución de los aprendizajes que se van adquiriendo.


2. A través de la familia: asesoramiento y establecimiento de pautas específicas a utilizar en casa con el objetivo de lograr avances asociados a facilitar la motivación intrínseca por el aprendizaje, una adecuada autoestima y buenos hábitos en relación al afrontamiento de tareas de esfuerzo.


3. Trabajando desde la Psicopedagogía: formas de estudio, habilidades de adquisición de contenidos.

4. Aspectos emocionales: interviniendo de manera específica sobre componentes emocionales en los que el niño muestra bloqueos.


Desde Sendero Psicología trabajamos las dificultades de aprendizaje realizando una valoración integral en el inicio y estableciendo a partir de los datos recogidos un plan de tratamiento especializado e individualizado, promoviendo con ello una mejora sustancial que se haga visible a corto-medio plazo en el rendimiento académico y en la autonomía y el bienestar emocional del niño o de la niña.


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