COMPRENDER LA DEPRESIÓN

“Estoy de bajón” “Estoy depre”


El termino depresión ha entrado en el lenguaje cotidiano de las personas y son bastante comunes frases como “estoy depre”, “estoy de bajón” con las cuales se quiere expresar un estado anímico alicaído caracterizado por tristeza y apatía.




Es bastante frecuente pasar a través de momentos nostálgicos a lo largo de la vida, sobre todo en relación con pequeñas frustraciones, decepciones, renuncias, pérdidas que dan lugar a estas emociones. Normalmente son momentos puntuales que se resuelven naturalmente. El problema viene, cuando este estado anímico se mantiene en el tiempo y la persona nota una creciente fatiga para enfrentar la vida. Suele manifestarse con dificultad en arrancar el día, sentimientos constantes de apatía, “no tengo ganas de nada”, pérdida de capacidad de disfrute de actividades normalmente agradables “no me apetecen”, una constante sensación de vacío interior y melancolía y, en algunos casos, pérdida de apetito, somnolencia diurna y recurrentes pensamientos negativos sobre uno mismo de diferente índole. Además, esta condición anímica suele ir acompañada de cierto aislamiento social porque la persona tiende a evitar relacionarse en cuanto el mundo parece “para otros” alejado, distinto y a veces incluso hostil.


¿Porque la gente se deprime? Dejando al margen el componente genético existente en esta condición, para contestar a esta pregunta es esencial relacionar la depresión con su emoción principal que es la tristeza. Nos ponemos tristes cuando perdemos algo o alguien. La pérdida no tiene por qué ser real: consideramos pérdida a todo lo que ha sido objeto de nuestro deseo / ilusión y no pudo ser (sueños, ideas sobre nosotros mismos, expectativas frente a relaciones, expectativas de vida). Entonces, en este sentido, se comprende la sensación de vacío típica de la depresión: “me siento como hueco” afirman los pacientes. El cerebro humano necesita un tiempo para asimilar la perdida y volver a encontrar un nuevo camino que haga recobrar el sentido, la ilusión y el deseo. Es muy normal que a consecuencia de una pérdida (real/imaginada) la persona deje de querer vincularse con la realidad. Esta retirada hace que el cerebro de la persona viva un significativo empobrecimiento en cuanto a estímulos que le lleva a enfermarse: el cerebro necesita estímulos nutritivos a su alrededor, sin ello, se va apagando. De hecho, el aumento de somnolencia, que muchas veces acompaña los estados depresivos, es el resultado de este bajón energético que vive el cerebro del paciente con depresión.



Con la pandemia han aumentado mucho los casos de depresión.

¿Por qué? La situación pandémica nos ha obligado a perder/renunciar a muchas cosas importantes para nosotros: se han perdido seres queridos, se han perdido trabajos y formas de trabajar, se han perdido espacios de socialización y formas de socializar y de interactuar con los demás, se han perdido muchas seguridades que antes dábamos por hechas. Ha sido una temporada donde las personas se han enfrentado (y se siguen enfrentando) a renuncias constantes y esto ha puesto a prueba el sistema emocional de la mayoría de las personas. La depresión, como está muy vinculada, con la vivencia de la pérdida, ha sido una forma muy común a través de la cual muchas personas han manifestado su malestar.



Es difícil poder dar unas pautas genéricas para la depresión porque es una condición compleja que requiere un análisis individualizado para poder identificar los pasos terapéuticos que hay que seguir. No obstante, se pueden definir algunas guías que pueden ser útiles en prácticamente todos los casos:


1) Dar importancia a la condición anímica que se está padeciendo: para poder cambiar una situación es importante reconocerla y legitimarla. Parece una banalidad, pero no lo es, sobre todo con la depresión. Las personas deprimidas se van anestesiando y acostumbrando a su condición, sobre todo si los síntomas no son severos y cursan con apatía, anhedonia. Es importante identificar esta condición como algo no funcional que merece ser tratado.


2) Vivir el síntoma como una oportunidad de crecimiento y no como un lastre: el sufrimiento humano nunca es gratuito, inútil. Siempre hay un sentido y un significado en ello. Ser capaces de entenderlo es esencial para comprenderse y motivarse al cambio.


3) No aislarse: a pesar de que en la depresión, la tendencia sea evitar la vida y las relaciones, es importante mantenerse activo socialmente, sobre todo relaciones íntimas y de confianza que, en general, percibimos como más seguras.


4) Sincerarse: es importante compartir con otras personas nuestras emociones y estado anímico. Esto nos hará sentir más acompañado y seguro.


5) Buscar ayuda especializada: la depresión es una condición anímica que se puede tratar con éxito con psicoterapia.


6) Empezar con algo pequeño, pero empezar: muchas veces las personas con depresión no arrancan, van posponiendo la vida o refieren que todo le da igual y no saben francamente por dónde empezar a recobrar el sentido. Esperan que llegue la ilusión, la motivación. Sin embargo, la ilusión, el sentido se crean, no llegan. El proceso de ilusionarse es un proceso activo donde la persona tiene un papel central. Es importante empezar a hacer algo, algo diferente que nos saque de la anestesia. Para ello es recomendable rescatar los antiguos hábitos placenteros “a mí antes me gustaba pintar, ahora llevo mucho tiempo sin hacerlo”: hay que volver a pintar.


7) Hacer las cosas cotidianas con una actitud de cuidado: hagamos lo que hagamos, intentemos hacerlo con cuidado y cariño. Puedo prepararme la comida de cualquier forma o hacerlo dando importancia a lo que estoy haciendo, cuidándolo.


8) Hacer deporte, moverse: cuando hacemos deporte producimos endorfinas y esto hace que nos sintamos mejor física y anímicamente.


9) Ser constantes en lo que nos proponemos: ser constante aumenta nuestro sentido de autoeficacia y nos devuelve una idea positiva de nosotros y nos da confianza.


Superar un estado de depresión implica fundamentalmente un proceso de reparación donde el abandono se transforma en cuidado, el juicio en comprensión y la negligencia en atención.


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